Esta bonificación implicaba no enfermarse, no asistir a un hijo/familiar enfermo, no sacar permisos por imprevistos, y por supuesto, no embarazarse… ya que el presentismo se quitaba a las compañeras con licencia por maternidad. Queda claro que en los momentos en que más falta hacia el dinero, para comprar remedios, asistir a algún familiar o preparase para recibir a un hijo, el gobierno había tomado la decisión política de quedarse con parte del salario de los trabajadores como si enfermarse o tener un hijo fuesen causales del pago de un tributo a la corona. Este tipo de prácticas llevó a muchas compañeras a perder embarazos deseados, e incluso a comprometer la salud de sus alumnos asistiendo a trabajar enfermas en espacios cerrados, donde podían contagiarlos. Finalmente la diputada García sintonizó el dial del gobierno nacional y decidió atacar el derecho a huelga de los trabajadores del sector docente, recriminando que “Les quitamos a los chicos la ilusión del primer día de escuela, por ejemplo los niños que iban a asistir a primer grado. Pareciera que no interesa el daño que se le hace a otro…”
La diputada no se da una idea de las condiciones en las que se encuentran los colegios en los que hay que recibir a esos niños llenos de ilusiones. Aún más, no se da una idea de la inversión que han hecho los docentes para poner las escuelas en las mejores condiciones posibles, pintando aulas, recortando láminas para tapar paredes rotas, reparando pizarrones, etc… Si hay alguien que le roba las ilusiones a los niños, son los gobernantes y legisladores que no garantizan colegios óptimos para que los alumnos puedan educarse en las mejores condiciones, que pretenden aplicar políticas de ajuste salarial negándole a los padres la posibilidad de enviar a sus hijos al colegio con todo lo indispensable, o que pretende el retorno del presentismo que atenta contra la salud de los docentes y de los chicos. En pocas palabras pretenden encubrir su responsabilidad en el deterioro educativo, achacando sobre los docentes las culpas del no inicio de clases. En lugar de gobernar para Repsol, a quien ya le prometieron el pago de 5.000 millones de dólares (que nos costara más de 12.000 millones de dólares), deberían ocuparse de reparar los colegios y hospitales, brindarles los insumos necesarios para su normal funcionamiento y finalmente garantizarle a los trabajadores un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar y escolar, para que los chicos vean sus ilusiones materializadas en el ámbito de la enseñanza.

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